miércoles, 19 de octubre de 2016

Monos brasileños afilan las piedras a golpes como los humanos

Los hombres y mujeres de la Edad de Piedra golpeaban piedras para crear armas y herramientas con las que cortaban y raspaban gracias a las lascas que se desprendían del núcleo. Hasta ahora, se pensaba que éramos los únicos animales en hacerlo. Pero un equipo de científicos ha descubierto que unos monos capuchinos salvajes de Brasil también rompen rocas. En su caso, lo hacen para extraer minerales o líquenes de ellas.


Los monos silbadores (Sapajus libidinosus) golpean la piedra una y otra vez, como si fuera un martillo, y la percusión continuada hace que se formen afiladas láminas de piedras, llamadas lascas, como las que formaban los humanos de la Edad de Piedra para hacer sus armas o herramientas. Hasta ahora, los científicos pensaban que crear este tipo de fracturas en la roca era un comportamiento único en humanos.

El estudio, publicado en Nature, demuestra que, al igual que los humanos, estos pequeños capuchinos de Brasil también son capaces de fabricar, aunque de manera inintencionada, herramientas de piedra. A pesar de romperlas de forma deliberada, su objetivo es extraer minerales o líquenes de las piedras, según los científicos que los observaron en el Parque Nacional de Serra da Capivara en Brasil.

El equipo admite que sigue sin quedar del todo claro por qué llevan a cabo este comportamiento. En ningún momento los monos intentaron cortar o raspar con las lascas, sino más bien parecían querer extraer el polvo de silicio de las rocas o los líquenes con propósitos medicinales. “En la última década, diversos estudios han demostrado que el uso y la producción intencionada de láminas afiladas no están necesariamente vinculados a los primeros seres humanos, al género Homo, que son nuestros parientes directos, sino que también fueron utilizadas y producidas por un rango más amplio de homínidos”, explica Tomos Proffitt, investigador principal del trabajo y científico en la Escuela de Arqueología de la Universidad de Oxford (Reino Unido).

Estos pequeños capuchinos también fabrican, aunque de manera inintencionada, herramientas de piedra.

Un mono silbador machaca una piedra. Imagen: T. V. Falótico

Para el equipo de investigación, este trabajo va un paso más porque muestra que los primates modernos pueden producir lascas y núcleos arqueológicamente identificables con las características que se pensaban que eran exclusivas de los homínidos.

“Esto no quiere decir que el material arqueológico más antiguo en África oriental no lo hicieran los homínidos. Sin embargo, el hallazgo plantea cuestiones interesantes sobre cómo se desarrolló esta tecnología de herramientas de piedra antes de que aparecieran los primeros ejemplos en el registro arqueológico”, señala Proffitt, para quien este descubrimiento desafía las ideas anteriores sobre el nivel mínimo de complejidad cognitiva y morfológica necesario para producir numerosas lascas concoides.

Herramientas de piedra hechas por monos

Según las observaciones de los científicos, los monos silbadores seleccionan de forma individual cantos de cuarcita redondeada, y usando una o las dos manos golpean enérgica y repetidamente la piedra como si fuera un martillo contra otras rocas situadas en un acantilado.

Escogen cantos de cuarcita redondeada y los golpean enérgicamente contra otras rocas como si fueran martillos


Esta acción hace que la superficie de la piedra sobre la que se golpea se aplaste, y la que sostiene la mano se rompe, dejando un registro arqueológico identificable de estos primates. Estos capuchinos también fueron observados reutilizando piedras usadas como martillos que se habían roto anteriormente.

En total, los científicos examinaron 111 fragmentos de piedras recogidos del suelo inmediatamente después de caerse, y de la superficie y de la zona excavada. Los investigadores también recogieron las piedras completas o rotas con las que y sobre las que golpearon, y las lascas completas o fracturadas.

Cerca de la mitad de las lascas mostraban fracturas concoidales (con forma curva), asociadas con la producción de lascas por parte de los homínidos. Aunque otros monos capuchinos y macacos japoneses son conocidos por golpear piedras las unas contra las otras, el estudio subraya que los monos silbadores de Brasil son los únicos primates salvajes con la intención de romper las piedras.

“El hecho de que hayamos descubierto monos que sean capaces de crear herramientas a partir de piedras afiladas nos hace pensar sobre la evolución del comportamiento y sobre cómo atribuimos la autoría de los artefactos”, dice Michael Haslam, coautor del estudio y líder del proyecto Primate Archaeology (Primarch) de la universidad británica.

Sin embargo, mientras el hallazgo revela que los humanos no son los únicos en crear esta tecnología, “la manera en la que la usan parece seguir siendo muy diferente a la de los monos”, concluye el científico.

Referencia bibliográfica:

Tomos Proffitt et al. “Wild monkeys flake stone tools" Nature 19 de octubre de 2016 

Tomado de: http://www.agenciasinc.es/Noticias/Monos-brasilenos-afilan-las-piedras-a-golpes-como-los-humanos

Monos brasileños afilan las piedras a golpes como los humanos

Los hombres y mujeres de la Edad de Piedra golpeaban piedras para crear armas y herramientas con las que cortaban y raspaban gracias a las lascas que se desprendían del núcleo. Hasta ahora, se pensaba que éramos los únicos animales en hacerlo. Pero un equipo de científicos ha descubierto que unos monos capuchinos salvajes de Brasil también rompen rocas. En su caso, lo hacen para extraer minerales o líquenes de ellas.


Los monos silbadores (Sapajus libidinosus) golpean la piedra una y otra vez, como si fuera un martillo, y la percusión continuada hace que se formen afiladas láminas de piedras, llamadas lascas, como las que formaban los humanos de la Edad de Piedra para hacer sus armas o herramientas. Hasta ahora, los científicos pensaban que crear este tipo de fracturas en la roca era un comportamiento único en humanos.

El estudio, publicado en Nature, demuestra que, al igual que los humanos, estos pequeños capuchinos de Brasil también son capaces de fabricar, aunque de manera inintencionada, herramientas de piedra. A pesar de romperlas de forma deliberada, su objetivo es extraer minerales o líquenes de las piedras, según los científicos que los observaron en el Parque Nacional de Serra da Capivara en Brasil.

El equipo admite que sigue sin quedar del todo claro por qué llevan a cabo este comportamiento. En ningún momento los monos intentaron cortar o raspar con las lascas, sino más bien parecían querer extraer el polvo de silicio de las rocas o los líquenes con propósitos medicinales. “En la última década, diversos estudios han demostrado que el uso y la producción intencionada de láminas afiladas no están necesariamente vinculados a los primeros seres humanos, al género Homo, que son nuestros parientes directos, sino que también fueron utilizadas y producidas por un rango más amplio de homínidos”, explica Tomos Proffitt, investigador principal del trabajo y científico en la Escuela de Arqueología de la Universidad de Oxford (Reino Unido).

Estos pequeños capuchinos también fabrican, aunque de manera inintencionada, herramientas de piedra.

Un mono silbador machaca una piedra. Imagen: T. V. Falótico

Para el equipo de investigación, este trabajo va un paso más porque muestra que los primates modernos pueden producir lascas y núcleos arqueológicamente identificables con las características que se pensaban que eran exclusivas de los homínidos.

“Esto no quiere decir que el material arqueológico más antiguo en África oriental no lo hicieran los homínidos. Sin embargo, el hallazgo plantea cuestiones interesantes sobre cómo se desarrolló esta tecnología de herramientas de piedra antes de que aparecieran los primeros ejemplos en el registro arqueológico”, señala Proffitt, para quien este descubrimiento desafía las ideas anteriores sobre el nivel mínimo de complejidad cognitiva y morfológica necesario para producir numerosas lascas concoides.

Herramientas de piedra hechas por monos

Según las observaciones de los científicos, los monos silbadores seleccionan de forma individual cantos de cuarcita redondeada, y usando una o las dos manos golpean enérgica y repetidamente la piedra como si fuera un martillo contra otras rocas situadas en un acantilado.

Escogen cantos de cuarcita redondeada y los golpean enérgicamente contra otras rocas como si fueran martillos


Esta acción hace que la superficie de la piedra sobre la que se golpea se aplaste, y la que sostiene la mano se rompe, dejando un registro arqueológico identificable de estos primates. Estos capuchinos también fueron observados reutilizando piedras usadas como martillos que se habían roto anteriormente.

En total, los científicos examinaron 111 fragmentos de piedras recogidos del suelo inmediatamente después de caerse, y de la superficie y de la zona excavada. Los investigadores también recogieron las piedras completas o rotas con las que y sobre las que golpearon, y las lascas completas o fracturadas.

Cerca de la mitad de las lascas mostraban fracturas concoidales (con forma curva), asociadas con la producción de lascas por parte de los homínidos. Aunque otros monos capuchinos y macacos japoneses son conocidos por golpear piedras las unas contra las otras, el estudio subraya que los monos silbadores de Brasil son los únicos primates salvajes con la intención de romper las piedras.

“El hecho de que hayamos descubierto monos que sean capaces de crear herramientas a partir de piedras afiladas nos hace pensar sobre la evolución del comportamiento y sobre cómo atribuimos la autoría de los artefactos”, dice Michael Haslam, coautor del estudio y líder del proyecto Primate Archaeology (Primarch) de la universidad británica.

Sin embargo, mientras el hallazgo revela que los humanos no son los únicos en crear esta tecnología, “la manera en la que la usan parece seguir siendo muy diferente a la de los monos”, concluye el científico.

Referencia bibliográfica:

Tomos Proffitt et al. “Wild monkeys flake stone tools" Nature 19 de octubre de 2016 

Tomado de: http://www.agenciasinc.es/Noticias/Monos-brasilenos-afilan-las-piedras-a-golpes-como-los-humanos

lunes, 29 de agosto de 2016

Early Hominid Lucy May Have Died by Falling out of a Tree


Scientists printed out 3-D models of Lucy's bones, showing a breakage pattern consistent with a fall from a tree.

This video was reproduced with permission and was first published on August 29, 2016. It is a Nature Video production.

Tomado de: http://www.scientificamerican.com/video/early-hominid-lucy-may-have-died-by-falling-out-of-a-tree/

Like Humans, Chimps Reward Cooperation and Punish Freeloaders

Recent research challenges the notion that our closest animal relatives don’t like working as a team.
Three chimpanzees pull at the cooperation apparatus, with two others looking on. Credit: Image courtesy of Frans de Waal, Yerkes National Primate Research Center

Although humans love the playful ways and toothy grins of chimpanzees, our primate cousins have the reputation of being competitive, churlish and, at times, aggressive.

New research published today in Proceedings of the National Academy of Sciences suggests that despite being prone to occasional violent behavior, chimps actually much prefer cooperating over competing. In fact, the work shows that chimps work together at similar rates as humans—and that when violence does occur among apes, it is often directed toward an individual that is not being a team player.

Working with 11 chimps housed in a large outdoor enclosure at the Yerkes National Primate Research Center at Emory University, researchers devised an experiment to assess cooperation, defined as two or more chimps working together to access a food reward. Initially two chimps had to team up, with one lifting a barrier and the other pulling in a tray baited with small pieces of fruit. Once cooperation between two subjects was established, another barrier was added, requiring a third chimp to pitch in if all three were to obtain the spoils.

Given that the apes had nearly 100 hours to obtain their reward in the presence of bystander chimps, there were plenty of chances for competition to arise. The authors defined “competition” as episodes of physical aggression, bullying a fellow chimp to leave the scene of the reward or freeloading—stealing the prizes of others without putting in the work of retrieving them.

Although the study only looked at a small number of individuals, the results were telling. In 94 hour-long test sessions, the chimps cooperated with one another 3,565 times—five times more often than they were in competition. In addition, the animals used a variety of strategies to punish competitive behaviors, such as preferentially working with their more communal and tolerant fellow animals.
When aggression did occur, it was often used to subdue the overly competitive or prevent freeloading, perhaps an even greater affront to the chimpanzee honor code. Attempted thefts by those who did not put in the work were not well received. In fact, the researchers even observed 14 instances in which a third-party chimp—typically one of the more dominant of the bunch— intervened to punish freeloaders. “It has become a popular claim in the [scientific] literature that human cooperation is unique,” study co-author Frans de Waal, a primatologist at Yerkes, said in a statement. “Our study is the first to show that our closest relatives know very well how to discourage competition and freeloading.”

Plenty of other species exhibit cooperative behaviors—take for example the enviable coordination of ants building a subterranean metropolis. But as lead author and Canisius College psychologist Malini Suchak explains, what her team observed in chimps is even more impressive. “Although cooperation is widespread across species, cooperation in ants, for example, as well as in many other species is directed toward kin and is basically preprogrammed,” she says. “Our study shows that chimpanzees are really thinking about cooperation and actively making decisions that maximize cooperation and minimize competition.” She adds: “Cognitively, what they did in our experiment is much closer to what humans do when we cooperate than it is to what ants do when they cooperate.”

Michael Tomasello of the Max Planck Institute for Evolutionary Anthropology, a pioneer in this area of research who was not involved in the study, pointed out in an e-mail that the new work does have limitations beyond just its small size. Tomasello’s past work has shown that when given the option to work together to obtain food versus working solo, chimpanzees actually prefer to go it alone, a trait that distinguishes them from humans. The chimps in Suchak’s study were free to roam their Yerkes enclosure and had access to their usual “primate chow,” but in the wild they may have chosen to freely forage by themselves instead of cooperating to obtain food, Tomasello believes.

Still, mounting evidence supports the notion that other primates are perhaps more like us than previously thought. Earlier work by Suchak, de Waal and colleagues published in 2014 found that chimpanzees living in socially rich and complex settings spontaneously joined forces with their roommates. Beyond apes, last month Scientific American reported on research showing that monkeys, like humans, become more socially selective with age, preferring to spend time with their “friends” over other monkeys.

Unfortunately, great apes may share our more concerning qualities as well: Chimpanzees in nature will frequently form alliances with one another so they can compete more effectively against others. Field work in Uganda by University of Michigan anthropologist John Mitani found that every few weeks the males in a particular chimp community assemble single-file and carefully scope out neighboring territories. If not outnumbered, the trespassers will stage a siege in hopes of winning new territory.

Collaborative chimps, cranky old monkeys, mass conflict—in our simian relatives we increasingly see a reflection of ourselves. As Suchak points out, her new findings imply that the origins of our cooperative behaviors—those rooted in developed senses of tolerance and trust and, at times, reward through coordinated violence—may go farther back than previously thought. “In the past, chimpanzees have been characterized as overly aggressive and competitive, which resulted in people suggesting human cooperative behavior evolved relatively recently and is somehow distinct from cooperation observed in other species,” she says. “Our findings are a reminder that humans are animals, after all.”

Tomado de: http://www.scientificamerican.com/article/like-humans-chimps-reward-cooperation-and-punish-freeloaders/?WT.mc_id=SA_SP_20160829